8 de febrero de 2015

El tiempo de mirarnos al espejo


Juan Sebastián Roldán


Después de leer el agudo análisis de José Hernández en su nuevo blog, creo necesario hacer algunas reflexiones sobre el paso de Ruptura 25 por el gobierno de Rafael Correa.

Las provocadoras palabras de José Hernández necesitan respuestas contundentes: Sí, se debe derogar la Ley de Comunicación y buena parte del nuevo Código Penal por ser atentatorios a las libertades, pieza fundamental de una izquierda moderna y libertaria. Se debe derogar la Ley de Seguridad Ciudadana que confunde seguridad con sacar a los militares a las calles o mostrar a los inocentes por culpables; y debe derogarse también la de Incentivos Tributarios que premia a las "grandes" inversiones mineras y no a las iniciativas empresariales serias del Ecuador.

Claro que hay que derogar estas y muchas cosas más. Para nosotros es imprescindible discutir con la sociedad qué era lo que buscábamos y cuál el resultado que hoy podemos ver.

También hay que cuidar a no jugar el juego en el que todos son lo mismo y todos supuestamente jugamos un mismo papel.

Así como el correísmo cree que todos los pelucones, banqueros y empresarios son feroces devoradores de pobres, algunos pelucones, banqueros y empresarios creen que todos los progresistas son feroces devoradores de emprendimientos productivos. Así como el correísmo llegó a poner a los médicos o a los abogados como simples hacedores de dinero; muchos médicos y abogados atacan al progresismo como vertiente directa del comunismo quita hijos.

El Ecuador necesita- y nosotros estamos ávidos de esa discusión- un espacio de diálogo entre los contrarios que de las coincidencias hagan afirmaciones y de las discrepancias espacios abiertos de diálogo.

Esto pide la izquierda progresista, la que ya no solo escucha Inti Ilimani o grita efervescente “venceremos”, la que no conoce el puño izquierdo al aire; sino la que también se encuentra con mayo del 68 y sus domésticas y trascendentales discusiones como la representación real del poder, la que vibró con V de Vendetta o la que cree en la ideología como forma coherente de vida. La que mira a la economía no desde sus extremos, sino desde el centro que representa para la sociedad en conjunto.

Una que ve en las palabras de José Hernández, un espejo inmisericorde en el que hay que mirarse mil veces, en el que hay que encontrar buena parte de las responsabilidades y con el que necesita discutir, a ver si lo malo ha sido tan malo y lo bueno ha sido tan bueno.

Desde nuestra comprensión de la nueva izquierda, creemos en la importancia de lo simbólico, en la necesidad de comprender la sutileza de lo estético, en la potencia de la ética desnuda. Creemos en un progresismo que es capaz de cambiar este país más allá de las generalizaciones.


Queda pendiente la discusión sobre nuestras responsabilidades y aciertos en nuestro paso por el Acuerdo País. Ojalá este intercambio sea el primer paso para hacer público un debate que para nosotros no es nuevo.